¿Cómo ser entrenador de voleibol?

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El deporte forma parte esencial del desarrollo integral de una persona. A través de él se adquieren hábitos saludables, disciplina, constancia y capacidad de superación. Cuando además se trata de deportes de equipo, su impacto es aún mayor, ya que obligan a aprender a convivir, cooperar y trabajar con otras personas para alcanzar un objetivo común.

En este contexto, el equipo necesita una figura que actúe como guía y referencia. Un líder capaz de orientar, organizar y mantener unido al grupo tanto en los momentos de éxito como en las situaciones de dificultad. Esa figura es el entrenador.

El entrenador de voleibol es un profesional comprometido con el crecimiento deportivo y personal de sus jugadoras y jugadores. Su labor no se limita a la enseñanza técnica o táctica, sino que abarca también la educación en valores como el respeto, el esfuerzo, la responsabilidad y el trabajo en equipo. Aunque muchos entrenadores han sido previamente jugadores, también es habitual encontrar perfiles procedentes de ámbitos académicos o pedagógicos que aportan una visión metodológica y formativa muy valiosa.

En definitiva, el entrenador se convierte en un referente dentro y fuera de la pista, siendo una pieza clave en la formación deportiva y humana de cada deportista.

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Curso de Entrenadores Nivel 3 (2025)

Lo primero de todo es formarse. Si bien no es imprescindible haber tenido un nivel de juego alto para ser entrenador, sí es fundamental poseer un sólido dominio de la técnica y de la lógica del juego. Esto permite comprender en profundidad el gesto técnico, detectar errores, proponer correcciones eficaces y saber cuándo y cómo aplicar cada fundamento dentro del contexto real del juego.

La formación de un entrenador no se limita únicamente a la experiencia personal, sino que debe apoyarse en una base metodológica, pedagógica y reglamentaria. Parte esencial de este proceso es obtener la titulación oficial de entrenador de voleibol, que en España se cursa a través de las federaciones autonómicas y la Real Federación Española de Voleibol (RFEVB).

Actualmente en España existen tres niveles de formación de entrenador:

Nivel I (ámbito autonómico)
Capacita para iniciar la actividad como entrenador y dirigir equipos de base en etapas de iniciación y formación. Está orientado principalmente al trabajo con categorías inferiores y al aprendizaje de los fundamentos del entrenamiento.

Nivel II (ámbito autonómico)
Permite dirigir equipos en competiciones autonómicas de cualquier categoría y profundiza en la planificación del entrenamiento, la preparación física específica, la táctica colectiva y la dirección de equipos en competición.

Nivel III (ámbito nacional)
Es la máxima titulación de entrenador en España. Habilita para entrenar en competiciones nacionales organizadas por la RFEVB, incluyendo categorías de alto rendimiento y ligas nacionales.

Además de la formación nacional, existen programas de formación internacional promovidos por la FIVB (Federación Internacional de Voleibol). Estos cursos están orientados a la actualización y unificación de criterios metodológicos a nivel global, permitiendo a los entrenadores ampliar su visión y conocer tendencias internacionales en el entrenamiento del voleibol.

Primeros años...

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Jugadoras del Juvenil Femenino Azul (2025)

Es completamente normal que, al comenzar a entrenar —incluso contando con formación oficial o experiencia previa como jugador—, uno se sienta inseguro o algo perdido al hacerse cargo de su primer equipo. Dirigir es una competencia distinta a jugar: implica tomar decisiones constantes, planificar, comunicar, gestionar personas y asumir responsabilidades que antes no existían.

Al igual que los jugadores atraviesan un proceso de aprendizaje progresivo, los entrenadores también lo hacen. Los primeros años suelen ser especialmente exigentes: se prueban numerosos ejercicios, metodologías y formas de comunicación hasta encontrar un estilo propio que encaje con la forma de entender el voleibol y la enseñanza del deporte.

A esta evolución técnica se suma la gestión humana del equipo. Resolver conflictos, gestionar la participación, tratar con deportistas con diferentes niveles de motivación o personalidad y comunicarse con las familias o tutores forman parte del día a día del entrenador, especialmente en etapas de formación.

Convertirse en entrenador es, por tanto, un proceso largo y gradual. Con frecuencia se cae en el error de orientar el trabajo únicamente hacia el resultado competitivo, cuando en etapas de base el verdadero objetivo debe ser la calidad de la formación que reciben los deportistas: su aprendizaje técnico, su desarrollo físico y su crecimiento personal dentro del deporte.

Además, no siempre se entrena al equipo que uno desea o con el que se siente plenamente identificado. Es habitual pasar por equipos que no encajan del todo con nuestras expectativas o motivaciones. Sin embargo, cada experiencia aporta aprendizaje: de todos los equipos se aprende y de todos los entrenadores se pueden extraer ideas, recursos y perspectivas útiles para el propio desarrollo.

¿Qué es ganar?

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Jugadoras del Infantil Femenino Azul (2025)

Es una pregunta que parece obvia, pero en realidad es más profunda de lo que puede parecer a primera vista. En términos estrictamente competitivos, gana el equipo que suma más sets y vence el partido. Sin embargo, el resultado deportivo no siempre refleja todo lo que ocurre en la pista.

Imaginemos que el último clasificado de la liga pierde 2–3 contra el segundo. No ha ganado el partido, pero, teniendo en cuenta el contexto, puede considerarse un resultado muy positivo. Ha competido, ha reducido la distancia con un rival superior y ha demostrado evolución.

En el deporte de formación —y en gran parte del deporte competitivo— ganar no puede medirse únicamente por la clasificación final. El entrenador no controla todos los factores: el nivel de los rivales, las circunstancias del equipo, la madurez deportiva del grupo o los recursos disponibles. Incluso entrenadores muy experimentados pueden no alcanzar los primeros puestos si el contexto competitivo es especialmente exigente.

Por eso, ganar también significa sacar el máximo potencial del equipo, construir una comunicación sana dentro del grupo, generar compromiso y mantener vivo el vínculo de los deportistas con el voleibol a largo plazo. El verdadero éxito es que el equipo mejore, compita mejor que antes y evolucione como grupo.

Los resultados son importantes y todos los equipos aspiran a ellos, pero deben entenderse como la consecuencia de un buen proceso de trabajo sostenido en el tiempo.

Para enseñar hay que aprender

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José Antonio Cáceres en la Formación de Entrenadores Stars (2024)

Los entrenadores son estudiantes permanentes. Su desarrollo no termina con la obtención de una titulación, sino que continúa a lo largo de toda su carrera. La sensación de dominio absoluto o el exceso de ego pueden convertirse en obstáculos que limitan el crecimiento y generan problemas innecesarios dentro y fuera del equipo.

Un buen entrenador escucha, analiza y extrae conclusiones. No descarta la opinión de otro entrenador o de un deportista sin antes intentar comprenderla. Esta actitud crítica y abierta se asemeja a una metodología científica: observar, cuestionar, contrastar y aprender de la experiencia propia y ajena.

Además, el voleibol evoluciona de forma constante. En los últimos años, el uso de la estadística y el análisis de datos se ha convertido en una herramienta clave para la toma de decisiones, la planificación del entrenamiento y la construcción de equipos, tanto en etapas de formación como en el alto rendimiento. La tecnología, el vídeo-análisis y las nuevas metodologías de entrenamiento forman ya parte del día a día del entrenador moderno.

Saber adaptarse a estos cambios y mantener una mentalidad abierta permite ampliar la perspectiva, enriquecer el trabajo diario y mejorar de forma continua como entrenador.

Disfrutar del proceso

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Jaime Nolasco con el Infantil Femenino Azul (2025)

Habrá temporadas mejores y otras más difíciles. La trayectoria de un entrenador no es lineal y es importante saber identificar cuándo es necesario parar para evitar el desgaste, la pérdida de motivación o la falta de autocontrol que puedan afectar al equipo.

Tomarse una pausa, ya sea una temporada o el tiempo que sea necesario, no significa perder tiempo como entrenador. Al contrario, puede ser una inversión para reflexionar, recuperar energía y regresar con mayor claridad y motivación. Del mismo modo que los deportistas necesitan descanso físico y mental, los entrenadores también pueden beneficiarse de ese espacio para reorganizar sus prioridades y reencontrarse con el deporte.

Lo importante es mantener el disfrute por el proceso. Habrá momentos difíciles y emocionalmente exigentes, pero la satisfacción de haber trabajado con compromiso, respeto y dedicación es lo que permanece al final de cada temporada.

¿Quieres ser entrenador?

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Paco Hervás, José Antonio Cáceres y staff entrenadores Stars (2024)

En la Academia Stars Volleyball y el Club Stars Sport Madrid buscamos personas comprometidas con el deporte y con la formación de jóvenes deportistas. Apostamos por entrenadores responsables, empáticos y alineados con nuestros valores educativos y deportivos.

Si quieres formar parte del staff de entrenadores de Stars, completa el siguiente formulario. Nos pondremos en contacto contigo para continuar con el proceso de selección.

Proceso abierto únicamente para residentes en España.